Nardi

Nardi. Con i latina. Latino como nuestro mar azul. Latino y serrano. En Hervás todo es serranito. Los vericuetos, la cuesta arriba y, a la vuelta, la cuesta abajo. Las calles acaban en montaña, que es como acabar cerca de Dios. Menos la calle Braulio Navas, que acaba en la plaza. Con su fuente. Sus arcos. Sus tiendas de anzuelo para turistas y sus restaurantes de arrastre. En Hervás hay muchos restaurantes. En general, con veinte euros en el bolsillo, no se pasa hambre. Tengo varios apeaderos de tapas de cierta confianza. Y tengo el Nardi. Con i latina. I de importante. I de más palabras que ahora no me asaltan las mientes, pero que se podrían resumir en i de cojonudo.

Nardi, en la peatonal de Hervás, está ahí desde 1980. Y tiene su mérito. Mantener año tras año la buena faena de siempre en un pueblo tan pequeño es dado solamente a la gente que, además de trabajadora, ama la tarea de, día tras día, encender los fogones. Hervás merece siempre el paseo. Y Nardi hará de su paso por allí un recuerdo especialmente grato.

Nardi es elegantito. Contemporáneo. Tiene colonia en el baño y un murete de cristal para engolosinar a los clientes con el vino. Yo, que tiendo a rancio, me gastaría algo en unos buenos cortinones, pero los dueños, que deben ser más jóvenes que yo, no parecen estar por la costura. Desde mi última visita han renovado las sillas (creo). Son de esas modernitas. Y, a pesar de que hubo un momento de tribulación (por si no pudieran aguantar a comensales vascos salidos de báscula), resultaron (al menos la mía) cómodas. Y bien. Bien, que también lleva una i latina. Nardi, con i latina.

Nardi despacha un menú degustación bueno. O muy bueno, según gustos. Para ser lunes, y estar al pie de las montañas, magnífico. Y para haber pagado treinta y nueve euros por él, aún mejor. ¿Les he dicho que conviene desviarse de la ruta y parar a comer en Nardi? Pues conviene. Indudablemente. Con i latina.

Últimamente me dejo arrastrar por los menús degustación. Por cierto, para la semana que viene les tengo en conserva otro de los mejores menús de la región. Pero eso la semana que viene. Esta semana Nardi. Poca gente en el comedor. Los turistas deben estar sufriendo la huelga del taxi a pie de Castellana. Y, aquí, en cambio, todo es calma. ¡Valle del Ambroz, que Dios te ampare! Tranquilito. Atendido con cariño, que es que te atiendan como se debe atender al cliente, pero con el plus de sentirte atendido como el amigo. De aperitivo un purecito de calabaza. De primero una ensalada de cítricos y sardina ahumada (con la i de cojonudo me refería en concreto a este plato). Por cierto, envuelto en el recuerdo de las no muy lejanas ensaladas hurdanas. De segundo una viera asada con su espumita de algo. De tercero lubina con diversa fauna marina haciendo los coros por el plato, bien. De cuarto una plumita (plumón) de ibérico sobre puré de revolconas, también bien. Y, de postre, un arroz con leche y crema de mango de puturrú (sin fúa). Todo en cuidadas presentaciones. Y tan contento. Coma para salir bailando por Big Joe Turner «Jump for joy!».

Mención especial merece el pequeño bar que te recibe; sin duda, una de las pocas barras extremeñas donde Bond, James Bond, se podría tomar su Vesper Martini sin la angustia de un dandi con lamparones. Ay,… ¿se acuerdan del bar del Hotel Zurbarán en Badajoz? El de antes, claro. Recuerden,… agitado, no mezclado. Como diría la Pasionaria: «Nardi, ¡qué bien resistes!».

Este artículo fue publicado en el Periódico Extremadura por nuestro compañero académico Fernando Valbuena el pasado 8 de febrero de 2019.



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