ROSSIO

Gastronomía de altura en el centro de Lisboa.

¿Imagina el lector subir a la séptima planta de un emblemático edificio situado en el centro de Lisboa? ¿Imagina poder disfrutar, mientras come o cena, de unas inigualables vistas como la “Plaça dos Restauradores” con la “Avenida da Libertade” como fondo? ¿Imagina que todo ello se conjuga con una velada única donde el marco elegido, las panorámicas, la atención al comensal y las maravillas que podemos degustar forman un todo indisoluble? Pues deje de imaginar porque el puzle ya está completo y tiene nombre propio: restaurante Rossio, en los cielos de Altis Avenida Hotel.

Así es, una gran balconada, una amplia terraza e inmensos ventanales nos dan la bienvenida anunciando que entre esas paredes las cosas se cuidan al máximo para deleite del comensal. Todo se concibe con mayúsculas y, especialmente, las extraordinarias elaboraciones que salen de esta cocina.

Fogones que cuidan lo tradicional y lo moderno, donde se ensambla la historia culinaria portuguesa y, en ocasiones, la vanguardia más atractiva. Fogones que presentan sus platos con originalidad, delicadeza y mimo. Fogones que buscan el más perfecto maridaje con vinos del país, especialmente de la región de Lisboa. Fogones que, gracias a un magnífico equipo de sala, nos explican perfectamente lo que vamos a comer. Fogones, en definitiva, que atraen y piden volver.

¿Qué le parecería al lector una “codorniz com crocantre de alho francés con reduçâo de vino do Porto, foie e shiitaki baby”? ¿Y si continuamos con un “pregado con lombo enguitado de porco preto, puré de ervilha e tostas”? También debemos hacer caso a otra sugerencia del chef consistente en “vitela de leite con gratin de pera, esparregado de salsa y tomates assados”. Todo fantástico: en presentación, en calidad, en temperatura y en los tiempos en los que se sirven en mesa. Imposible encontrar máculas.

El menú podemos redondearlo, por ejemplo, con una magnífica versión de una célebre “sobremesa” de Elvas que siempre me he encantado. Me refiero a la sericaia, pero en esta ocasión la podemos probar “com picadinho de ameixa de Elvas e gelado de canela”. Impecable la traducción personal que estas cocinas hacen de ese conocido postre alentejano. Un toque muy personal del cocinero que se agradece.

Esto es sólo una pequeña selección de lo que Rossio ofrece y que se puede definir en pocas palabras: variedad y calidad de la mano.

No podía ser, por otra parte, de otra manera. El lugar exige la excelencia. Nos encontramos en un alojamiento emblemático cuyas cinco estrellas iluminan esta zona tan transitada por los turistas del centro de Lisboa. El restaurante, parece obvio, debía estar a la altura. Y lo está y lo logra creando, dicho sea de paso, un ambiente acogedor gracias a una decoración donde blancos, negros, dorados y espejos son parte esencial del conjunto. Por cierto, no dejen de interesarse por una anecdótica inscripción realizada en azulejería portuguesa, en los característicos tonos azul y blanco, que descubrirá en el restaurante. No avanzo más.

Esa grandiosa terraza tiene lógicamente multitud de usos. Un café, un té, un cóctel o un buen vino de Oporto y dejar pasar los minutos mientras miramos tranquilos a nuestro alrededor. Placeres que no se tienen todos los días pero que, ya que estamos aquí, no debemos pasar por alto.

Me comentan que esta gran terraza panorámica va a ser objeto de remodelación y ampliación. Los casi 180º de visión actuales se acercarán a los 360º con la posibilidad de tener también, dentro de poco tiempo, bajo nuestros pies, otro de los espacios urbanos más representativos de Lisboa: la plaza de Rossio, con su histórico Teatro Nacional Doña María II.

¿Se puede pedir más? Creo que no.

Este artículo ha sido realizado por nuestro compañero Juan Antonio Narro.



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