Rex Numitor

Hay restaurantes de confianza. Cual médicos. Vienen a ser como una pareja de centrales de confianza; quizá no marquen goles pero el míster duerme tranquilo la noche antes de los partidos. Por ellos, por los dos centrales, y porque hay restaurantes como Rex Numitor.

Numitor era el abuelito de Rómulo y Remo, una parejita central en la historieta de Roma. Roma tiene historia y también historieta. Como casi todo y casi todos. De hecho, trufar la historia de historietas hace más dulce (o más amargo) el relato. Le da su puntito de caricatura. También en la mesa; todo en ella tiene que tener una manera de contarse y de entenderse. Y, al menos a mí, Rex Numitor se me ha contado, y así la he entendido, la historia de una honrada, honradísima, casa de comidas.

Mérida. A un paso del río, del puente (el romano, por supuesto) y de la loba capitolina, esa que amamanta con sus ubres prodigiosas, día y noche, a Rómulo y Remo. Junto a la Plaza de España y junto a la Alcazaba, o sea, que el restaurante está donde tiene que estar. Una opción magnífica para viajeros, gente de paso por la ciudad y hasta para turistas. Y, sin embargo, no hay trampa ni cartón. El turismo de aluvión provoca riadas de engaños; restaurantes para aves de paso y cañonazo. Y Rex Numitor es todo un ejemplo de lo contrario. Sin alharacas, pero, sobre todo, sin cañonazos para turistas en vuelo rasante. Pueden entrar con toda confianza. Les gustará más o menos, pero no les engañarán.

En Rex Numitor se palpan el trabajo y las ganas de agradar. Un comedor (mejor debería decir dos) agradable, correctamente decorado y amplio. Y limpio. ¿He dicho limpio? Pues limpio. Sobre todo turistas: una pareja de ingleses, un grupito de ocho de a saber dónde, tres varones con prisas, dos parejas de dos, uno que parecía viajante de calzado y éste que firma; mucha gente para lo que se estila, por desgracia, en los restaurantes de la región un jueves a medio día.

Una carta (también la de vinos) más bien corta. En ella llaman la atención algunos platos como la crema de castañas y boletus con mollejas, las albóndigas de cordero o el gazpacho de cerezas con helado de aceite de oliva. Todo a precios más que contenidos. Puesto a pedir, ojo avizor y las orejas al aguardo, pedí lo que parece que cuadraba en ese momento: el menú. Ya saben: «when in Rome, do as the romans do». Roma, Mérida, Rex Numitor y dieciséis euros bien servidos y bien gastados. Tres primeros y tres segundos; sí, un menú corto, pero bien elaborado y excepcionalmente cuidado para lo que resulta frecuente encontrar por esos caminos de Dios. Por delante una generosa tapa de pastel de pescado. De primero el ya citado gazpacho de cerezas con helado de aceite de oliva que barrunto que debe ser santo y seña de la casa por rico y por bello. Delicioso. De segundo carne o pescado, ¡pescado! Un lomito de corvina sobre una cama de calamares, cortados en mínimos daditos, con tomate. La corvina bien y la camita de calamares con tomate como para ponerle un piso. De postre, un pudin de queso con frutos rojos digno de un buen menú. Magníficamente atendido, cortésmente despedido, tuve, al salir, la sensación de gratitud de los estómagos agradecidos. Se puede comer por más dinero, se pueden buscar y ofrecer otros paraísos, pero hay un paraíso sencillo, del día a día, escondido en los humildes menús de los restaurantes honrados. Presentar un menú de calidad por un precio contenido tiene mucho más mérito que ciertas coheterías a la violeta; al menos tiene sus propios méritos.

Rex Numitor, el propio rey comería aquí. Rex Numitor, una opción muy a tener en cuenta para cuando pisemos Mérida. Rex Numitor, no son las ubres de la loba Luperca, pero cerca le andan.

Este artículo fue publicado en el Periódico Extremadura por nuestro compañero académico Fernando Valbuena el pasado el 19 de octubre de 2018.



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