Carnaval Gastronómico

Un toque de cocina extremeña para el Carnaval.

Extremadura conserva dos perlas carnavalescas desde hace largo tiempo, una con gran arraigo y la otra cada año más relevante dentro del ámbito nacional.

El Carnaval de Navalmoral de la Mata no tiene fecha exacta; su festividad depende de la celebración de la Semana Santa cada año.
Según los documentos sobre la historia de la ciudad, “atestiguan los libros de San Andrés que, en el siglo XVIII había seis Cofradías y tres Hermandades. Era la primera la de Ánimas, fundada por el Concejo, que celebraba una misa cantada cada lunes del año y una de aniversario el día de carnestolendas” -RAE. Del lat. caro, carnis, carne, y tollendus, de tollĕre, quitar, retirar. 1. f. pl. Carnaval- (Historiador Víctor G. Salmador).
Esta referencia, aunque indirecta, del carnaval, nos permite asegurar que hace más de 300 años que tales festejos tenían lugar en este municipio.

En 1937 los carnavales fueron prohibidos en todo el territorio nacional, pero el empeño de no perder esta tradición hizo que sus habitantes “disfrazaran” sus propios carnavales con el nombre de fiestas de invierno, no perdiéndose de esta manera la continuidad de los festejos. A partir del año 1969 las fiestas se celebraron de nuevo con su nombre original: Fiestas de Carnaval.
En 1986 los carnavales fueron declarados Fiesta de Interés Turístico Regional, aspecto que abrió aun más el carnaval moralo a toda la región.

En la actualidad, en su festividad destacan los espectaculares desfiles de carrozas y comparsas del domingo y martes de carnaval en el que participan sus peñas, el chupinazo, el ambiente de día, las verbenas, el baile infantil, la degustación de migas, el desfile nocturno del lunes, el entierro de la sardina o el espectáculo piro-musical.

En cuanto al Carnaval de Badajoz, poco podemos ya hablar sobre su importancia, aunque sí daremos un par de pinceladas sobre sus inicios y aclararemos su peculiaridad.
1981 fue el año que vio nacer los primeros carnavales de la “era moderna” en Badajoz de la mano de, principalmente, un grupo de amantes de la fiesta que se reunían en el Mesón el tronco, junto a la Diputación. El por entonces concejal por el Partido Comunista, José Manuel Villafaina, se puso en contacto con ellos para dar forma al carnaval de ese año y mediar así entre ellos y el Ayuntamiento.

Estos primeros carnavales cogieron por sorpresa a la mayoría de la población pacense que, realmente, se enteró de los mismos tras el pregón de Juan José Poblador. No obstante, miles de personas salieron a la calle disfrazados con lo primero que encontraban en sus casas y, a pesar del escaso presupuesto con el que se contó, los primeros carnavales fueron todo un éxito y sentaron las bases para las fiestas venideras.
38 años después, el Carnaval de Badajoz se ha convertido en un acontecimiento único en España, como así atestigua su nombramiento como Fiesta de Interés Turístico Nacional, pues no sólo aglutina calidad y cantidad de comparas acercándose a Tenerife, sino que además posee similares atributos en cuanto a murgas, aspecto que la acerca a Cádiz.
Nuestro Badajoz, podría decirse, es un híbrido de lo mejor de ambas celebraciones nacionales.
Pero es que además su popularidad y clase en ambos no para de crecer.

Como en muchos países de raíces cristianas, en España carnaval y gastronomía han sido conceptos íntimamente ligados.
Durante siglos, el Carnaval supuso una válvula de escape para la sociedad que se preparaba para sufrir los rigores de las abstinencias y ayunos que estaban por venir con la Cuaresma y la Semana Santa.

El Clero hacía la vista gorda en lo concerniente a excesos carnales -en el más amplio sentido de la palabra- durante los pocos días que duraban estas fiestas. Ya se encargaría después de velar por el cumplimiento a rajatabla de las normas de la Iglesia y de la abstinencia de carne, pero durante el Carnaval permitía que su “rebaño” se pusiera ciego de salazones y embutidos resultantes de la recién terminada matanza.

Si bien es cierto que la paulatina pérdida de tradiciones ha supuesto también el abandono de hábitos gastronómicos, el carnaval nunca ha traído hasta nuestras mesas platos o elaboraciones típicas saladas, circunstancia que no se da con los dulces, sobre todo en tierras gallegas donde se siguen elaborando numerosos postres.
Aún así, hemos rescatado de nuestra tierra ambos aspectos, salado y dulce, para dar a vuestra cocina un toque carnavalesco como la ocasión lo requiere.

· Salado: Sopas de antruejo. Muy populares en Aceuchal (Badajoz) en época de carnaval. Se elabora con cerdo (principalmente codillo, oreja y pata), pan troceado y huevos cocidos.
Se van colocando capas a modo de lasaña: una capa de pan, una capa con la carne deshuesada y picada, y una capa con el sofrito de cebolla, y cada capa se remoja con el caldo. Se hornea y se gratina con la última capa de huevo cocido picado y perejil.
El resultado es delicioso, una mezcla de sopa y pastel con textura suave y gelatinosa.

· Dulce: Flores de carnaval. Son dulces fritos muy típicos también en Semana Santa.
Se elaboran con leche, huevos, aceite de oliva, harina y miel o azúcar.
Se hace una masa líquida con la harina y el huevo. El molde con forma de flor se introduce en la masa, que queda pegada a sus paredes de hierro, y se lleva a la sartén con aceite muy caliente. Se fríen y se dejan enfriar, obteniendo un dulce crujiente con forma de flor en tres dimensiones. Finalmente se bañan en miel.
Un dulce delicioso con una textura crujiente y suave.

Si queréis más información para elaborar estas últimas delicias, nuestro cocinero Antonio Granero de Canal Extremadura os lo explica con claridad en un vídeo de su famoso programa En su punto con Granero: FLORES DE CARNAVAL

¡Que os siente bien el Carnaval!



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